Mostrando entradas con la etiqueta Calanda. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calanda. Mostrar todas las entradas

martes, 29 de enero de 2013

EL CONVENTO DEL DESIERTO DE CALANDA: UN EXTRAORDINARIO MONUMENTO CON UN FUTURO INCIERTO

A unos ocho kilómetros al SE de la villa de Calanda (Teruel), en un solitario y escabroso paraje,  se encuentran las enormes ruinas de un antiguo Convento de Carmelitas Descalzos de finales del siglo XVII que fue abandonado definitivamente en 1835. El convento, llamado “del Desierto” por su emplazamiento en una zona tradicionalmente deshabitada, constituye una de las construcciones conventuales más importantes del Bajo Aragón y, precisamente por su carácter aislado y difícil acceso, la que mejor conserva todavía su estructuración original.


Aspecto actual de la imponente fachada de la iglesia del Convento del Desierto de Calanda (Teruel)
 
El Desierto de Calanda

Desde al menos el siglo XVII se conoce como “Desierto de Calanda” una gran extensión de terreno agreste y mal comunicado que se sitúa entre las localidades bajoaragonesas de Calanda, Torrevelilla y La Ginebrosa. Este lugar recóndito y aislado fue elegido por la orden de los Carmelitas Descalzos de la provincia de Santa Teresa (que incluía los reinos de Aragón y Valencia) para fundar en 1680 un gran convento en el que los frailes carmelitanos pudieran gozar de un ambiente de paz y retiro espiritual.


Vista aérea del entorno del Convento del Desierto, en el centro de la imagen.

Detalle de la imagen anterior con las ruinas del Convento junto a las antiguas huertas.


La propia Orden de los Carmelitas Descalzos fundó otro convento en esa misma época en el denominado “Desierto de Las Palmas”, en la comarca de la Plana Alta de Castellón, en una zona montañosa y de rica vegetación que ha sido declarada recientemente Parque natural. En ambos casos, la denominación de “desierto” está relacionada con despoblación o desertización humana y no con ausencia de vegetación pues estas zonas agrestes y solitarias, elegidas como lugares de retiro y oración por los carmelitas, poseen desde antiguo una gran riqueza y diversidad natural (Benavente 1985, 70).


Vista del conjunto conventual con las huertas en primer término

En relación con el desierto bajoaragonés el historiador Ignacio de Asso escribió en 1798:
Desde las riberas del Guadalope, y cercanías de Alcañiz y Calanda se va elevando el terreno hacia levante en cerros medianos de peña caliza, con vetas de vistosos mármoles; entre los quales sobresalen el de Tolocha, y los que circundan el desierto de Calanda, que es uno de los sitios más frondosos del Reino por la abundancia de Jazmines arbóreos, Viburnos, Peonías, Nepetas, “Smilax aspera”, “Dictamnus albus”, “Ononis rotundifolia” de flor gentil, y otras plantas curiosas que lo visten”.
(Asso 1798, 95).



Vista general del convento desde el Este.

Lamentablemente, en la década de los 90 del pasado siglo toda este sector sufrió un pavoroso incendio en el que ardieron cientos de hectáreas del denso pinar que lo cubría. El aspecto actual de monte raso con predominio de arbustos obedece a ese reciente incendio. No obstante, está teniendo lugar un proceso de regeneración natural del antiguo bosque  y, posiblemente, en unas décadas toda esta gran extensión de terreno volverá a alcanzar su aspecto anterior.



Detalle de la portada de la Iglesia del convento



El Convento del Desierto y su aciaga historia

La fundación del Convento del Desierto de Calanda se remonta a 1680 cuando los religiosos de la Orden de los Carmelitas Descalzos decidieron instalarse, atraídos por la belleza y aislamiento de un apartado y singular paraje, en una antigua torre o casa de campo, llamada Torre Alginés, propiedad de la orden de Calatrava. Tras acordar el pago anual de cierta cantidad de dinero a la Encomienda de Calatrava, cuya sede se encontraba en Alcañiz, los carmelitas tomaron posesión del lugar, previa autorización del Rey Carlos II, en 1682. Las obras del convento, dedicado a San Elías, se prolongarían hasta 1701. Sin embargo, tan solo cuatro años después, en 1705, como consecuencia del la Guerra de Sucesión, en la que Calanda y el propio convento tomaron partido por el archiduque Carlos de  Austria,  el lugar fue asaltado e incendiado por un grupo de unos 200 hombres partidarios de Felipe V de Borbón. Tras comenzar la restauración del convento, en 1708, las obras y reformas continuarían hasta finalizar la construcción de su gran iglesia en 1728 (Thomson 2005, 157).


Aspecto del interior de la iglesia del convento con la cubierta desplomada




Se conserva, extrañamente, la cúpula de la iglesia, casi suspendida en el aire.


La paz y el silencio reinaron en ese paraje idílico y solitario durante menos de un siglo pues en 1808, con motivo de la Guerra de la Independencia, los franceses asaltaron y saquearon el edificio destruyendo, entre otros, la magnífica biblioteca que habían atesorado los frailes carmelitas y que había servido de fuente de educación y formación para los jóvenes de las familias más adineradas de la zona. Apenas 20 años después tuvo lugar, entre 1835 y 1837, la exclaustración general de los conventos con la expropiación forzosa y subasta pública de bienes y tierras que se consideraban en propiedad de “manos muertas”. Entre los cientos de edificios religiosos y conventos desamortizados en España se encontraba el de Calanda que fue abandonado por los religiosos y poco después incendiado y destruido parcialmente. Algunos retablos de la iglesia y sus campanas fueron trasladados a la iglesia del Pilar de la vecina villa de Calanda si bien ninguna de estas obras ha llegado a nuestros días. Poco después, en 1842, el convento y la finca circundante pasaron a manos privadas (Thomson 2005, 158).



Vista general del convento desde la fuente de Sta. Quiteria



Descripción del convento

El proyecto de este complejo conventual incluía una gran iglesia de tres naves y cúpula sobre la capilla mayor (con criptas para el entierro de frailes), hospedería, celdas para religiosos, claustro, refectorio y librería, así como otras dependencias indispensables para la vida diaria: cocinas y despensas, fuentes, aljibes y balsas para riego, graneros, bodegas, trujales, carpintería, horno, pozo de nieve, huertos, etc. cuya estructuración se conserva todavía prácticamente intacta. La monumentalidad y regularidad de las construcciones de este convento dieron lugar a que fuera conocido en el siglo XVIII como el “Escorial aragonés” (Vidiella 1895, 240).


En primer término la boca de entrada del pozo de nieve, perfectamente conservado. Al fondo, el convento.

Recientemente, se han descubierto en el Archivo Histórico de Protocolos de Alcañiz dos pergaminos (reutilizados como cubiertas de otros documentos) que formaban parte del proyecto de construcción de este gran convento. En uno de ellos se representa la planta del convento con el detalle de sus habitaciones y dependencias y en otro una sección de la iglesia y edificio anejo con una amplia explicación  http://www.fqll.es/catalogo_detalle.php?id=149


Plano de la planta del Convento del Desierto conservado en el Archivo de Alcañiz


Sección de la Iglesia del Convento del Desierto de Calanda. Archivo de Alcañiz..

En 1846, a los pocos años de su abandono, el convento del Desierto de Calanda se describía en el famoso Diccionario Geográfico e Histórico de Pascual Madoz, del siguiente modo:
Distante a 1 ½ legua hacia el E., entre montes escabrosos (se encuentra) un convento de Carmelitas Descalzos, llamado comúnmente el Desierto, situado en la falda de la Sierra de La Ginebrosa, entre los ríos Guadalope y Mezquín; ocupa un sitio muy ameno y pintoresco, es un edificio que forma un perfecto cuadrado, grande y suntuoso, todo de piedra de cantería, a cuyo lado septentrional hay una plaza de 26 varas cuadradas; su iglesia, de una sola nave o crucero, tenía 8 altares, de los cuales se han trasladado 3 a la villa (Calanda) y se halla cerrada desde la extinción de los conventos, cerca de éste hay algunos corrales para ganados y caballerías y un huerto poblado de árboles frutales, y regado por las aguas de la fuente de Sta. Quiteria, que brota en las inmediaciones del mismo, el cual está en un barranco que forman las aguas de otras dos fuentes nacientes a ¼ de hora de distancia, y, que unidas, fertilizan y se consumen en un trozo de 3 ó 4 cahizadas de tierra, que eran propiedad del expresado convento”
(Madoz 1846, 250).


Aspecto actual de la fuente de Sta. Quiteria casi oculta por la vegetación.


Aspecto del refectorio del convento, todavía prácticamente intacto

Según menciona S. Vidiella, el Convento del Desierto de Calanda llegó a tener:
24 monjes sacerdotes, 18 coristas, 9 legos, 5 donados, 2 escolanes, 2 pastores, 5 criados de labor y 1 guarda.
(Vidiella 1890, 241).



Otra imagen de la iglesia del convento dedicada a San Elías


Una actualidad confusa y un futuro incierto

El convento del Desierto de Calanda, declarado como Bien Catalogado del Patrimonio Cultural Aragonés desde 2003, está siendo últimamente noticia por diversos aspectos que poco tienen que ver con su auténtico e indudable valor patrimonial. El estado ruinoso de la enorme construcción y el solitario y áspero paraje en el que se emplaza parecen animar a muchos de los visitantes que llegan hasta este recóndito lugar a dejar su huella sobre el edificio mediante todo tipo de grafiti. El aspecto actual de la parte inferior de la fachada principal de la iglesia es, por este motivo, lamentable.


Aspecto actual de la fachada de la Iglesia del convento totalmente cubierta de grafiti.

Al mismo tiempo, el edificio está comenzando a ser considerado como un lugar misterioso muy apropiado para todo tipo de fenómenos paranormales como apariciones de espíritus, demonios, brujas, calaveras y ovnis, psicofonías, percepciones extrasensoriales, etc. lo que, posiblemente, no va a favorecer la conservación de los inmuebles y su entorno.


Aspecto reciente del púlpito del refectorio del convento.

Pero quizás lo peor es que ya han sido varios los intentos por parte de sus propietarios de poner a la venta el enorme conjunto sin que ninguna administración haya respondido decididamente para hacerse cargo del edificio o, al menos, para asegurar su conservación. De hecho, desde la propia inmobiliaria encargada de la venta del convento se ha argumentado que “sólo la piedra de sillería vale muchísimo dinero” lo que manifiesta claramente el nulo interés por su protección al tiempo que se sugiere su utilización como simple cantera http://www.diariodeteruel.es/hemeroteca/29527-una-inmobiliaria-de-alcaniz-pone-otra-vez-a-la-venta-el-convento-del-desierto-de-calanda-que-es-patrimonio-protegido.html.

No es de extrañar, por tanto, que el conjunto se haya incluido en la lista roja del Patrimonio de la Asociación Hispania Nostra http://www.hispanianostra.org/lista-roja/monasterio-del-desierto


El Convento del Desierto aparece, de repente, desde el camino de Torrevelilla.

Confiando  en que no lleguemos a ver semejante desmán, proponemos la visita de este extraordinario e insólito convento que aparece frente al viajero, de repente, como una auténtica alucinación en un recóndito, silencioso y bello paraje bajoaragonés.  Hay que advertir, no obstante, de la necesidad de tomar las imprescindibles medidas de seguridad y precaución debido al progresivo riesgo de desprendimiento y derrumbe de algunas zonas del edificio.



Algunas de las dependencias interiores del convento en proceso de ruina


Cómo llegar

Puede accederse al lugar desde las localidades de Calanda o de Torrevelilla, aunque mejor desde ésta última población tomando una serie de caminos y senderos rurales recientemente señalizados.


Bibliografía

Allanegui, V. 1998:  Apuntes históricos sobre la Historia de Calanda, Calanda / IET. Teruel.
Asso, I. 1798: Historia de la Economía de Aragón, Zaragoza
Benavente, J.A. 1985: “Sobre el Desierto de Calanda y su monasterio. (Corrección a un error de localización geográfica habitual en la cartografía de nuestro siglo)”.  Cuadernos de Estudios Caspolinos, XI, Caspe, 69-76.
García Miralles, M. 1969: Historia de Calanda, Valencia.
Madoz, P. 1845-50: Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de ultramar, Madrid.
Vidiella, S. 1909: “Calanda y Foz-Calanda”, en Boletín de Historia y Geografía del Bajo Aragón. Tortosa, 240-241.
 

lunes, 5 de noviembre de 2012

LOS ASOMBROSOS MILAGROS DE LA VIRGEN DEL PILAR EN ALCAÑIZ (TERUEL)

A lo largo del siglo XVII se documentan en España numerosos milagros atribuidos a la Virgen del Pilar cuya difusión coincide, curiosamente, con el proyecto y construcción del nuevo y enorme templo barroco dedicado a esa Virgen en Zaragoza. En la documentación de la época, además del famoso y espectacular milagro de Calanda, se describen otros dos sorprendentes y poco conocidos milagros ocurridos en Alcañiz.


Dibujo de la capilla del Pilar de Alcañiz en 1898 que aparece en el libro "Mesa revuelta" de E.J. Taboada


Primeras noticias sobre los milagros de Alcañiz
Las noticias más antiguas que conocemos sobre los Milagros de la Virgen del Pilar en Alcañiz datan de 1680 y proceden de la obra “Compendio de Milagros de Nuestra Señora de la Virgen del Pilar”  escrita por el canónigo de Zaragoza José Félix de Amada (De Amada 1680, 175 y 184). En esta obra se describen un total de 60 milagros de los cuales se refieren a Alcañiz los números IV y VIII y a Calanda el XXXXIV. Anteriormente a esta obra se publicaron otros libros sobre la Virgen del Pilar y sus milagros en los que se menciona el Milagro de Calanda sucedido en 1640 (De Fuertes 1654) pero ninguno de Alcañiz  (Murillo 1616).

Portada del libro de Félix de Amada sobre los milagros de la Virgen del Pilar editado en 1680

Los dos milagros de la Virgen del Pilar en Alcañiz
El Padre Amada refiere dos curiosos milagros obrados en Alcañiz por intercesión de la Virgen del Pilar sucedidos en distintas épocas: uno a principios del siglo XII y otro a mediados del siglo XVII. Su descripción abreviada es la siguiente:

Milagro IV
El primer milagro de la Virgen del Pilar en Alcañiz  tuvo lugar,  según el Padre Amada,   hacia 1120 (“recién ganada Zaragoza de los moros”).  La leyenda cuenta que los moros de Alcañiz  cautivaron a un joven cristiano de Zaragoza, hijo y “único consuelo” de una pobre viuda muy devota de la Virgen del Pilar, al que maltrataban y atormentaban constantemente.

Reo encadenado. Dibujo de Francisco de Goya, 1815.

Una noche el joven cautivo, desesperado por su sufrimiento, llamó a la Virgen del Pilar “suplicándole se dignase sacarlo de tan prolongada muerte”.  Tras caer rendido por el sueño el joven “oyó que una hermosa Señora, franqueando las puertas a la prisión, le dijo: Recoge hijo la cadena, y ven conmigo”. El joven obedeció, y siguiendo a su libertadora, “a pocos pasos se halló fuera de la Villa”, con la que caminó hasta el amanecer en dirección a Zaragoza llegando a una masada que entonces se llamaba “Mas de Bernat”. Los moros al percatarse de la huida del cautivo lo siguieron a caballo hasta alcanzarlo. El joven, al ver a los enfurecidos jinetes acercarse, dijo a la Señora: “Oh pecador de mí. Aquí vienen los Moros, que me matarán” y ella le contestó “Hijo no tengas miedo… y cubriéndolo con una punta de su manto, quedaron invisibles a los Moros”. Al día siguiente, al amanecer, la Virgen puso al joven, “que todavía tenía aprisionada la cadena a la garganta”, a la puerta de su casa y llamó a la madre para que lo recibiera.  Madre e hijo, atónitos por el prodigio, se abrazaron y lloraron y en agradecimiento por el favor concedido  fueron de rodillas hasta el Santuario de la Virgen en Zaragoza y depositaron frente a su imagen la cadena en memoria del Milagro.

Milagro VIII
Un individuo llamado Pedro de Sadón fue condenado a la horca por un hurto en la ciudad de Alcañiz (“entonces villa”). Hallándose al pie del patíbulo, que se encontraba junto al puente y la puerta de la muralla en el inicio de la actual calle Mayor, el ajusticiado pidió al verdugo que lo volviese de cara a la Virgen del Pilar de Zaragoza de la que era muy devoto. El verdugo aceptó la petición y el reo, de rodillas en el suelo, suplicó a la Virgen del Pilar que tuviera misericordia de su alma y de su vida.

Duro es el paso! . Desastres de la Guerra, 1863. Grabado de Goya con escena de ahorcamiento.

Sucedió a continuación el segundo Milagro de Alcañiz cuya descripción, que transcribimos literalmente, no tiene desperdicio: tras la oración “se ejecutó la sentencia estando suspendido del patíbulo por espacio de dos credos, teniéndolo los circunstantes por muerto; cuando a vista de todos, sin embargo de tener las manos atadas, las levantó, y muy concertadamente, se santiguó con la derecha, y después, con estar en el aire, sin tener en qué estribar los pies, se levantó tan en alto, que toda la cabeza sobrepasó a la viga de que pendía, repitiendo por tres veces esta acción, con tal violencia, que tronchó por medio el madero, que diez hombres muy esforzados, a todo su salvo, no lo consiguieran; y dio con los trozos en tierra, pensando cuantos concurrían al lastimoso acto, que se había estrellado del golpe, cuando oyeron, que con alentada voz dijo: Oh Santa María del Pilar, tú seas loada, que el alma me has tornado al cuerpo, verdaderamente, que ya estaba fuera”. Tras este extraordinario suceso el Justicia y los jurados que se encontraba allí acudieron al Comendador de Calatrava suplicando el perdón para el reo. La petición fue concedida y para que quedara constancia del milagro le entregaron al ajusticiado un documento de autenticidad con el que acudió a dar gracias a la Virgen del Pilar a Zaragoza presentándolo en el Santuario donde, según el padre Amada, se conservaba en 1680.


El fraile ahorcado. Otra impresionante pintura de Francisco de Goya con escena de ahorcamiento. Hacia 1810

De estos dos milagros será especialmente recordado por la tradición popular el segundo de ellos apareciendo mencionado posteriormente en numerosas obras de historiadores locales (Taboada 1898, 207).

¿Pero cuando ocurrió el milagro del ahorcado?
Sería interesante conocer la fecha exacta de este sorprendente milagro y su posible relación con el conocidísimo y cercano Milagro de Calanda que tuvo lugar, según la abundante e inusual documentación existente sobre el mismo, el día 29 de marzo de  1640.  La tradición sobre este excepcional e inédito milagro cuenta que, por intercesión de la Virgen del Pilar, le fue restituida a Miguel Pelllicer, un vecino de Calanda, la pierna que le había sido amputada tres años antes en Zaragoza http://www.enciclopedia-aragonesa.com/voz.asp?voz_id=2821

Fresco que representa el momento en el que los padres de Miguel Pellicer descubren la pierna restituida de su  hijo que había sido amputada tres años antes.

El milagro del cojo de Calanda tuvo una  enorme difusión en su época, no solo en España sino también en Europa, y contribuyó de forma decisiva para la obtención de apoyos y financiación en la reforma y construcción de la nueva basílica de Zaragoza.

El mísmísimo rey Pelipe IV besó la pierna milagrosa del calandino Miguel Pellicer

El P. Amada, en su obra sobre los Milagros de la Virgen del Pilar, dice que el milagro del ajusticiado de Alcañiz tuvo lugar cuando esta población todavía era “villa”, lo que implica que tuvo que ser anterior a 1652, año de concesión del título de Ciudad a esta población por el rey Felipe IV.  Así pues, parece probable que el milagro alcañizano tuviera lugar en los mismos años, o quizás poco después, del milagro de Calanda, a mediados del siglo XVII.

Los milagros de Calanda y Alcañiz y la construcción del templo del Pilar de Zaragoza
Cabe preguntarse por qué precisamente a lo largo del siglo XVII se divulgan o tienen lugar milagros tan espectaculares como los que la Virgen del Pilar obró en muchas localidades aragonesas (Amada 1680). En relación con Alcañiz y Calanda es interesante, a este respecto, la información aportada por el escritor Manuel Aramburu en 1766 cuando hace referencia a los inicios de la construcción del nuevo templo del Pilar y al apoyo del Rey Carlos II y de su hermanastro, Juan José de Austria, Virrey de Aragón, para la ejecución del proyecto.

El templo mudéjar del Pilar en 1647 antes de la gran reforma barroca. Pintura de Juan Bautista Martinez del Mazo.

Aramburu destaca que dicho Rey “además de haber librado cuatro mil y doscientos pesos para abrir las zanjas concedió por diez años a la nueva Fábrica los pingües beneficios de la Encomienda de Alcañiz, de la Orden de Calatrava, cuya gracia prorrogó otros 10 años en el 1700, en el que falleció”  (Aramburu 1766, 98). Es decir, la Encomienda aragonesa de Calatrava, bajo cuya jurisdicción se encontraban las localidades de Alcañiz y Calanda, aportó durante veinte años “pingües beneficios” a la construcción del nuevo templo del Pilar. Quizás se justificaran así las cuantiosas  aportaciones económicas y se compensaran los favores y el privilegio de los asombrosos milagros que la Virgen del Pilar obró en tierras bajoaragonesas.


Aspecto de la basílica del Pilar a comienzos del siglo XIX tras la finalización de la reforma barroca


La construcción de la capilla del Pilar de Alcañiz
El principal difusor del suceso del ajusticiado de Alcañiz fue el Padre Faci quien a mediados del siglo XVIII señaló que, tras el milagro del fallido suplicio, se colocó una imagen de la Virgen del Pilar sobre la puerta de la muralla que daba al puente viejo, en el comienzo de la actual calle Mayor (Faci 1739-1750, 312). La entonces puerta principal del recinto amurallado de Alcañiz debió tener una pequeña capilla (siguiendo el modelo de la época de portales-capilla) que era cuidado y mantenido por los vecinos.  El P. Faci afirma desconocer el momento en que la imagen de la Virgen del Pilar fue colocada en ese lugar señalando que  solo se sabe que fue después del suceso milagroso que refiere el doctísimo Amada” y que ya hemos referido antes.

Copia del texto del P. Faci en el que refiere el milagro del ahorcado de Alcañiz

En memoria de ese extraño suceso, y a petición de los vecinos de la zona, se construiría unas décadas después la capilla barroca del Pilar en el  mismo lugar en el que se situaba el patíbulo con la horca. En relación con la construcción de esta capilla se conserva un acta del Ayuntamiento de Alcañiz, fechado el 10 de febrero de 1736 (por cierto, el mismo año del inicio de la construcción de la iglesia barroca de Santa María en esta misma ciudad) por el cual el concejo de la ciudad autorizó la edificación de este pequeño templo junto al puente, así como el traslado al mismo de la imagen de la Virgen del Pilar que hasta entonces se veneraba en la capilla situada sobre la puerta de la muralla.

Grabado de Palomino con la vista septentrional de Alcañiz  realizado en 1779.

Detalle del grabado anterior en el en el que se aprecia perfectamente
 la puerta de la muralla y junto a ella la capilla del Pilar.


El nuevo templete, de estilo barroco, se mantuvo en pie hasta bien entrado el siglo XX existiendo diversos documentos gráficos sobre el mismo. Aunque en su interior se custodiaba la imagen de la Virgen del Pilar el decreto municipal de su aprobación especificaba que no se podía celebrar misa. Su mantenimiento corría a cargo de los vecinos de la calle Mayor.


Aspecto de la capilla del Pilar de Alcañiz a principios del siglo XX



Vista de Alcañiz a principios del siglo XX con la capilla del Pilar situada frente a la calle Mayor.

Tras su demolición completa en los años 30 ó 40 del siglo XX (por motivos que desconocemos) sería sustituido más tarde por otros monumentos conmemorativos que los alcañizanos todavía utilizan cada 12 de octubre para la celebración de la festividad del Pilar.  


Monumento conmemorativo a la Virgen del Pilar en Alcañiz.. Años 90 del siglo XX.


Hace unos años se eliminó el anterior monumento conmemorativo a la Virgen del Pilar
 para sustituirlo por el actual que aparece en la foto


BIBLIOGRAFIA
Amada, J.F. 1680: Compendio de los Milagros de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza, Zaragoza.
Aramburu, M.V. 1766: Historia Chronológica de la santa, angélica y apostólica capilla de Nuestra Señora del Pilar de la ciudad de Zaragoza. Zaragoza
De Fuertes y Biota, A. 1654: Historia de Nuestra Señora del Pilar. Zaragoza
Faci, R.A. 1739-150: Aragón, Reino de Christo y dote de Mª Santíssima. Edic. facsímil, Gobierno de Aragón, Zaragoza 1979, 312-31.
Murillo, D. 1616: Fundación milagrosa de la capilla angélica y apostólica de la Madre de Dios del Pilar. Zaragoza
Taboada, E.J. 1898: Mesa Revuelta. Apuntes de Alcañiz. Alcañiz, 207-208.

martes, 21 de agosto de 2012

ALFARERÍA TRADICIONAL DEL BAJO ARAGÓN (1): EL HORNO DE FOZ CALANDA (TERUEL)

(In Memoriam. Natacha Seseña, 1931-2011)

En la pequeña localidad bajo aragonesa de Foz Calanda (Teruel) se conserva en buen estado un gran horno de cerámica tradicional que estuvo en pleno uso hasta el comienzo de la guerra civil española. El horno, abandonado desde 1937 y en progresivo estado de ruina, fue objeto de consolidación y restauración en el año 2006. Hoy, constituye, posiblemente, el único ejemplo de este tipo de hornos para cocción de piezas cerámicas de gran tamaño conservado en Aragón.
 
Aspecto actual del horno cerámico de Foz Calanda con el acceso
a la cámara de combustión en la parte inferior 

El horno, desde el exterior, aparece como un gran volumen cilíndrico semi excavado en la pendiente natural del suelo con una altura que sobrepasa los 4 metros y un diámetro de 7,80 metros en su base exterior. La obra es de mampostería tosca de caliza trabada simplemente con arcilla. En su interior está totalmente recubierto por adobes y enlucidos de barro con algunos sectores formando una pequeña cámara perimetral entre la pared de piedra y la de adobe. El muro de la cámara de cocción alcanza en su base un grosor de cerca de 1,30 metros. 

El horno con la entrada a la cámara de cocción (a la derecha) y un tercer portillo (a la izquierda),situado a la altura de la parrilla

El horno presenta dos cámaras claramente diferenciadas con accesos a cada una de ellas mediante sendos portillos que tienen distinta orientación y altura. Aún existe una tercera entrada, situada justo por encima de la boca de la cámara de combustión y de la parrilla, que estaba cegada en el momento de iniciar los trabajos de restauración de la estructura.


Aspecto del horno y su entorno antes de inciar los trabajos de resturación


Tras la retirada de tierras y escombros aparece el acceso a la cámara de combustión
 
La presencia de este tercer portillo plantea algunos interrogantes sobre su funcionalidad para los que no encontramos una respuesta segura. Quizás se trate de una segunda entrada de calor o de apoyo a la cámara de combustión ya que esta pequeña puerta parece acceder a la estrecha cámara interior existente en el grueso muro que rodea elespacio de cocción de las cerámicas facilitando así la circulación de aire caliente no solo desde la base del horno sino también desde sus paredes. Pero, por otra parte, las características de esta puerta son casi idénticas a la lateral de carga de cerámicas del horno lo que parece confirmar que fueron construidas al mismo tiempo. En ese caso, su presencia podría tener relación con una importante reforma y ampliación de todo el conjunto, especialmente de la parrilla y de la cámara de combustión.

Aspecto del horno tras la retirada de escombros

En la parte inferior y subterránea del horno se encuentra la cámara de combustión o de fuego que presenta, en primer término, un estrecho y largo pasillo con paredes y bóveda de ladrillo de cerca de 4 metros de longitud, 90 cms de anchura y 140 cms de altura, aproximadamente.


Pasillo de acceso a la cámara de combustión cubierto con bóveda de ladrillos
 
Este pasillo da acceso a la cámara de combustión propiamente dicha situada bajo la gruesa parrilla que en algunas zonas llega a alcanzar casi un metro de espesor. La parrilla presenta un total de 21 perforaciones circulares o toberas para el paso de aire caliente, algunas de ellas realizadas con piezas cerámicas cilíndricas.



Aspecto de la parrilla tras su limpieza. Obsérvese el suelo construido con adobes

La cámara de cocción está compuesta por cinco pequeños pasillos, en forma de arco apuntado, que se disponen perpendicularmente al pasillo de entrada y en cuya parte superior se encuentran las toberas por las que se transmitía el calor a la cámara de cocción. Toda esta cámara esta realizada con adobes y ladrillos con gruesos manteados de barro y en su sector central presenta una altura cercana a los dos metros.   



Tramo final del pasillo de acceso a la cámara de combustión

La cámara de cocción, de cubierta abovedada con una gran chimenea o abertura circular central, presenta una puerta de carga lateral de aproximadamente un metro de anchura por 1,60 m de altura rematada con arco dovelado que se utilizaba para introducir y apilar las cerámicas en el interior del horno. Esta abertura lateral se cerraba con adobes y barro antes de proceder a la cocción de las vasijas.


Puerta de acceso a la cámara de cocción desde el interior del horno
 
Puerta de acceso a la cámara de cocción desde el exterior del horno

En el entorno inmediato del horno existieron algunos espacios al aire libre y pequeñas dependencias cubiertas por simples techumbres de las que no se han conservado restos. En estos espacios se preparaba la arcilla y se elaboraban manualmente, mediante la técnica de urdido, grandes piezas cerámicas que se secaban a la intemperie antes de ser introducidas en el horno para su cocción.


Restauración de la bóveda del horno


Elaboración de adobes para la restauración de la bóveda del horno

Como material de combustión se utilizaba especialmente la aliaga, un arbusto muy abundante en la zona, de rápida ignición y alto poder calorífico que puede alcanzar altas temperaturas en muy poco tiempo. Las aliagas se recogían en los montes del entorno de Foz Calanda, se transportaban en carretas y se almacenaban bajo un pequeño porche o cubierta de madera situado frente a la boca del horno. Para alimentar la cámara de combustión se introducían las aliagas por la boca inferior utilizando unas largas pértigas de madera. Al parecer, el proceso completo de carga, cocción y descarga de cerámicas podía durar varios días e incluso algunas semanas.


Bóveda y chimenea del horno tras su restauración vista desde el interior de la cámara de cocción


No conocemos ninguna documentación sobre este interesante horno ubicado en la calle Cantarerías de Foz Calanda, en el extremo norte del núcleo urbano, ni tampoco sobre su origen. Parece probable, no obstante, que se trate de una estructura de época moderna o contemporánea directamente relacionada con la elaboración de tinajas y cocios “tipo Calanda” que tuvieron su mayor expansión entre los siglos XVIII al XX (Alvaro, 1999) si bien su origen podría remontarse a siglos anteriores cuando en esta misma zona prosperó la industria cerámica elaborada por alfareros moriscos (Seseña 1997, 121) que fueron pobladores predominantes, hasta su expulsión en 1610, en poblaciones como Calanda y Foz Calanda.


Aspecto exterior de la bóveda del horno tras su restauración


Según la información aportada por  algunos vecinos de la localidad, el  horno era utilizado y gestionado hasta el comienzo de la guerra civil  indistintamente por tres familias cada una de las cuales realizaba una cocción completa de piezas cerámicas. En el horno se cocieron sobre todo tres tipos de piezas, todas de tamaño mediano o grande como corresponde a las dimensiones del mismo: tinajas (para almacenar vino o aceite), cocios (de distintos tamaños, para lavar y blanquear la ropa utilizando ceniza como lejía) y cántaros (para almacenamiento y transporte de agua o vino).


Conjunto de tinajas y cocios "tipo Calanda" en una antigua bodega del Bajo Aragón


El horno de Foz Calanda constituye un magnífico ejemplo de las raras y escasas estructuras todavía conservadas en el Bajo Aragón relacionadas con una importante actividad alfarera cuyo origen, mucho más lejos de la producción morisca, pueden remontarse con seguridad a los siglos anteriores al cambio de era, en plena época íbero-romana http://www.iberosenaragon.net/yacimientos/54/hornos-de-el-olmo-y-mas-de-moreno.html 

BIBLIOGRAFIA

Alvaro, I. 1999: La cerámica Aragonesa. Cai. Zaragoza

Seseña, N. 1997: Cacharrería popular. La alfarería de basto en España. Alianza Editorial. Madrid.